10 cosas cotidianas para salvar nuestros mares

Photograph by Sebastian Meckelmann

Parece ser que el común de los mortales vive en la ignorancia, sin embargo, aquellos que por trabajo o por placer nos sumergimos en los mares podemos constatar con horror la degradación y el declive de los fondos marinos.

En pocos, muy pocos años, hemos exterminado a cientos de especies, esquilmado las que aún sobreviven y estamos llenando los mares de basura y residuos. Es posible que estemos aún a tiempo o quizás ya no tenga remedio, pero un poco de conciencia y de compromiso personal puede obrar milagros.

http://ocean.nationalgeographic.com/ocean/take-action/10-things-you-can-do-to-save-the-ocean/

San Juan de Gaztelugatxe

A veces uno no sabe muy bien qué pensar ante ciertas actuaciones. Es inevitable dado el país que nos ha tocado en suerte.

Hace unos día me acerqué a San Juan de Gaztelugatxe con la intención de tirar unas fotos. Era una tarde espléndida, con cielo espectacular tachonado de nubarrones negros sobre un fondo azul intenso; en suma, una promesa de un gran escenario para fotografiar el islote al atardecer.

Mi sorpresa llegó cuando intenté acceder a la carretera que desciende hasta las inmediaciones de la ermita y me encontré con el acceso cerrado por gruesos pivotes fuertemente anclados al suelo. “Prohibido el paso. Sólo vecinos”, decía el cartel que acompañaba las señales rojas y blancas de dirección prohibida. Huelga decir que en aquel momento desistí de cargar con la mochila de las cámaras, el trípode y demás trastos para emprender el descenso a pié por la serpenteante carretera.  Al menos dos  kilómetros. Es cierto que Gaztelugatxe bien vale esa caminata, sin embargo, me pregunto si las razones para cortar el acceso público de vehículos tendrán que ver con un afán limitador de los vehículos o simplemente para ahorrarse la reparación de la carretera, que hace tiempo que estaba hecha unos zorros.

La cuestión es que a partir de ahora, o eres amante del trekking o Gaztelugatxe, cabo Villano y un buen número de enclaves de la costa vizcaína son tan sólo accesibles a pié. Fiel a la política de ausencia de término medio, que tanto se da por estos lares, en la que, o bien dejan todo manga por hombro, o dificultan el acceso hasta límites grotescos, sin intentar buscar una solución intermedia para lugares tan emblemáticos y turísticos.